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Elogio del silencio

D´Ors, Pablo. Biografía del silencio. Siruela, 5ª Edición, Madrid, 2013

Algo prefiero a la música: el silencio. Pocas cosas me son mas amables que la música, pero entre ellas, sin duda, el silencio. Por ello compré sin pestañear este librito de Siruela para descubrir no solo un texto cautivador, sino también un personaje. Quien conociera Eugeni d´Ors, ensayista, puede ahora conocer a su nieto Pablo (Madrid, 1963), escritor y sacerdote educado en ambiente cultural alemán y que ha estudiado en Viena, Roma y Praga. Se ordena sacerdote en 1991, se doctora en teología en 1996 y publica diferentes obras (novela, cuento) en Anagrama. Ha sido coadjutor parroquial y profesor de teología mística y fenomenología de la religión (1996-2000), entre otros cargos.
Pablo d´Ors
Pablo nos confiesa que se inició en la meditación por su cuenta y riesgo. Sin embargo el libro que comentamos se inserta en la tradición zen, e incluso anterior, los Upanishads (¿será por eso que el autor nos habla de “sentadas” para referirse a su actividad de meditación? Upanishad quiere decir etimológicamente “sentada bajo un árbol”). Algunas de las ideas me recordaron el libro de Bokar Rimpoche “La meditación, consejos a los principiantes”, e incluso “la meditación paso a paso” del Dalai Lama. Pero quizás las coincidencias se deban a la similitud del camino elegido, (lo que nos llevaría a proponer un camino místico propio de nuestra especie).

Lo primero que nota d´Ors cuando se pone a meditar es inquietud. El silencio produce rechazo, sentimos malestar corporal porque el cuerpo ocupa su lugar, el lugar central de aquello que somos. No tenemos un cuerpo, somos este cuerpo. Surgen unas primeras dudas ¿Será la meditación una actividad “provechosa”? Sacar partido a todo pero sobre todo al tiempo… ¿no parece contradictorio con la meditación? La meditación nos lleva a un ahora y aquí que anula muchos supuestos e ideas gratuitas relativas a lo que somos, y por ello para meditar debemos tener coraje y una importante dosis de paciencia con nosotros mismos. Paciencia y en algún sentido compasión, compasión por lo que descubrimos, no siempre agradable. Pero frente a este pánico que se hace presente, (un pánico que solo experimentará la persona suficientemente honesta consigo misma para reconocer los fantasmas y miedos que surgen en el silencio), también hay luz. La luz de este jardín interior, (d´Ors le llama Edén), que está en nuestro interior y lo podemos descubrir, a condición de poder practicar cierto desprendimiento.

La práctica budista llama al desasimiento, y no se si este es el sentido que le da también Pablo. A mi personalmente el desasimiento budista me parece incompatible con la filosofía cristiana, pero no es esta una cuestión que aborde el libro. Pablo hace sinónimo de desprendimiento a la confianza, confianza en nosotros mismos, en nuestro futuro, en la validez de lo que experimentamos, (yo añadiría: confianza en las ocurrencias que cruzan nuestra mente, aunque a veces no sean “políticamente correctas”). Pero en este punto el lector puede pensar que se ha producido un juego de palabras y que quizás lo que trata de decirnos Pablo quedaría mejor definido apelando a aceptarnos como somos y en todo caso tenernos compasión y paciencia.

El siguiente paso de Pablo fue el asombro: asombro ante la mutabilidad de todas las cosas, de las personas, de uno mismo. Cambiamos para ser nosotros mismos. Meditar para ser conscientes de la conciencia equivale para Pablo a habitar el ahora y el aquí, el asombrarse por la las pequeñas novedades de nuestras pequeñas (grandes) vidas. Tocar la realidad de nuestras vidas desechando las quimeras, “darnos un baño de realidad” (pág 38). De esta manera la meditación se hace hábito: “medito para que mi vida sea meditación: vivo para que mi meditación sea vida”. La vida, nos dirá mas adelante, “es un viaje espléndido, y para vivirla solo hay una cosa que deba evitarse: el miedo” (pág 94)

Para verse a uno tal cual es no hay que intentar mirarse directamente, sino oblicuamente, para no espantar a nuestro ser. Entonces el ser permanece, no dice Pablo, y nos encontramos por espacios cada vez mas amplios para conocernos. Cuando eso ocurre a uno le dan ganas de reírse… ¿ese soy yo? La alegría espanta al miedo.

Vivir es preparase para vivir, y la gracia de la vida está en el camino, no en la meta, (ya nos lo advertía también Kavafis). Por eso la meditación seria, tomada en serio, nos hace sentir quienes somos, nos afirma, y con esta afirmación empequeñece los cálculos utilitaristas de ser alguien en la sociedad, de hacernos un hueco para triunfar… (Recomendamos sobre este tema el libro de Alain de Bottom, “Ansiedad por el estatus”). Pero si eso es así… ¿por qué escribir este libro?, ¿por un afán de notoriedad?…. no, se responde Pablo, para aprender a confiar en la meditación, en el silencio. Callemos pues, cerremos esta páginas y lancémonos a “este océano oscuro y luminoso que es el silencio” (pag. 110).

Vea el lector interesado el video sobre el mismo autor, que completa este breve resumen.

Concepto Puntuación sobre 10 Comentarios
Interés 8 Para aquellas personas que hacen de la meditación un hábito.
¿Volverías a leerlo? 8 Este es un libro que gana plenitud en la relectura. Sería un desacierto quedarse en una primera y única lectura.
¿Realiza aportaciones significativas? 7 Se trata de una traslación del pensamiento zen a la cultura cristiana, redescubriendo valores que por sabidos y a veces menospreciados han pasado casi a ser un contravalor. Uno de los aciertos es descubrir hasta qué punto forman parte de nuestro ADN.