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Gracia D. Construyendo valores. Ed,. Triacastela. Madrid, 2013 construyendo valores Full view

Gracia D. Construyendo valores. Ed,. Triacastela. Madrid, 2013

Diego Gracia explora en dos libros que han visto a la luz de manera simultánea –el otro es “valor y precio”- uno de los temas que mas le han preocupado en los últimos años: cómo los humanos construimos y modificamos los valores que dan sentido a nuestras vidas. Ya comentamos en este blog la conferencia con la que Gracia entró en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, (Mayo 2011), de la que estos dos libros son dignos herederos (1).

En “Construyendo valores” el autor desarrolla varios principios que trataré de resumir:

-Los seres humanos no podemos dejar de valorar. Valorar es una actividad ligada a la vida misma, un proceso a la vez individual y colectivo.

-Los valores por consiguiente “se construyen” de manera histórica.

-El dinero es paradigma de los valores instrumentales, aquellos valores con los que negociamos y pergeñamos para abrirnos paso en la vida, (con los que nos ganamos la vida).

-Sin embargo nuestra vida en su conjunto solo adquiere significado por valores intrínsecos a los que no se puede poner un precio, como una amistad, o la paternidad, o el disfrute de una obra de arte.

-Uno de los males de nuestra época es que los valores intrínsecos sean desplazados por los instrumentales. La civilización –basada en valores instrumentales- desplaza a la cultura, (basada en valores intrínsecos). Este desplazamiento tiene consecuencias de orden espiritual y práctico, objeto precisamente de este libro.

Diego Gracia

-Otro de los males, esta vez transversal a toda la historia de los valores, es lo que llama la “tiranía de los valores”, cuando una autoridad declara sagrados o intocables unos determinados valores e impide que este proceso histórico de construcción fluya con normalidad. Obviamente detrás de esta tiranía hay intereses particulares.

-Finalmente el deber consiste en realizar valores, pero a la vez los valores se construyen a través de los deberes. En otras palabras: los valores son valores porque en general  nos cuesta esfuerzo defenderlos.

Estos principios netamente constructivistas los aplica Diego a diferentes temáticas: la dignidad, la hospitalidad,  la espiritualidad, la Universidad… Me ha interesado en particular  el análisis que realiza de los valores espirituales, a los que dedicaré el resto del artículo.

Diego parte de la visión aristotélica según la cual las “pasiones eran emociones sensibles que desviaban al ser humano de su verdadero objetivo, el marcado por la razón. De ahí la importancia de regular la vida, a fin de que la inteligencia pudiera proponerse las metas adecuadas y el apetito las pusiera en práctica. Para Aristóteles no se trata de anular los apetitos sensibles, sino de someterlos a control racional. Esa es la función de la ética, educar en la gestión razonable o prudente de la vida, de modo que los apetitos sensibles queden ordenados a los objetivos que establece la inteligencia. No se trata, por ejemplo, de no comer, o de no gozar sensiblemente con la comida, sino de someter la ingestión de alimentos o bebidas al control de la razón. Eso es lo que Aristóteles entiende por phrónesis o prudencia” (pág 187).

La visión aristotélica tiene un fuerte impacto en el desarrollo de la mística religiosa. El cristianismo, como también el judaísmo e islamismo, elaboran una teología que incorpora “grados” en la vida espiritual. “Estos grados –nos dice D. Gracia, pág 190- eran tres, el purgativo, el iluminativo y el unitivo. Anuladas las pasiones, fase purgativa, la mente podía ver con mayor claridad la doctrina puramente espiritual o divina, fase iluminativa, y unirse de ese modo a Dios, etapa unitiva. La primera parte del proceso tenía carácter ascético, y la tercera era la propiamente mística o misteriosa. En ella el ser humano se elevaba sobre sí mismo, llegando a una especie de unión con la divinidad. Esto es lo que Buenaventura expresó con el neologismo latino sursumactio o sobreelevación”.

En esta concepción “se trataba de anular las emociones, y con ellas el cuerpo, a fin de elevarse a la unión con Dios. Al conseguirse el silencio de todas las potencias sensibles, quedaba la potencia inteligible, el intelecto puro”. El camino de espiritualidad era un camino ascético con un fin explícito, la unión con Dios. Eso, a criterio de Diego, facilitó dos tipos de confusiones: confundir religiosidad con espiritualidad, y confundir moralismo con experiencia religiosa.

Lo específico de la ética es la experiencia del deber, -nos advierte Diego Gracia- en tanto que lo específico de la religión es la experiencia del don o de la gracia. No son solo experiencias distintas, sino opuestas entre sí. Si todo fuera don, no habría espacio para el mérito; y si todo lo mereciéramos en justicia, tampoco podría existir el don. Confundir la experiencia religiosa con la experiencia moral es una de las grandes tragedias de nuestra vida cultural y espiritual”.

Todo ello es importante para la actuación de los profesionales de la salud, a la que se refiere de manera explícita: “Por supuesto que los cuidados paliativos tienen que ocuparse y preocuparse por la atención espiritual de los pacientes. Pero deben tener muy claro qué puede y debe hoy entenderse por atención espiritual. Es preciso que no confundan asistencia espiritual con atención religiosa”.

Entonces… ¿qué es la experiencia religiosa?  He aquí uno de los párrafos mas vigorosos del libro:

El mundo de los valores espirituales es mucho más amplio. Y la

religiosidad deben entenderla como lo que es, la experiencia del don o de la gracia, y la actitud de agradecimiento hacia los dones recibidos sin ningún merecimiento. En principio, esa experiencia no tiene nada que ver con la ética. Es más, confundir una con otra suele tener consecuencias muy trágicas en cualquier época de la vida humana, pero muy especialmente en la postrera. Son bien conocidos los estudios de Allport a propósito de las diferencias entre «religiosidad intrínseca» y «religiosidad extrínseca» (Allport, 1950). La primera es la religiosidad confiada, llena de gratitud, es la religiosidad interna, del corazón sincero y agradecido. Opuesta a ella es la religiosidad extrínseca, externa, ritual, que basa todo en el cumplimiento de reglas y preceptos, basada en el miedo y el castigo. Es lo que cabe llamar el moralismo, el enemigo mayor que hoy por hoy tiene la verdadera religiosidad. Es bien sabido, después de los estudios de Salvador Urraca, que la religiosidad intrínseca protege contra la angustia, la ansiedad y el temor ante la muerte, en tanto que la extrínseca los aumenta”.

Lo que desemboca en un nuevo reproche a nuestra cultura: “ Nuestra cultura moderna tiene una sensibilidad a flor de piel para todas las cuestiones relacionadas con la justicia, pero ha desarrollado en mucha menor medida el sentimiento de piedad y gratitud hacia todos aquellos que nos otorgan dones que no merecemos en justicia y que tampoco podemos pagar, una vez concedidos. Este es quizá uno de los grandes déficits de nuestra civilización”.

1.-Gracia D. La cuestión del valor. Discurso de Recepción del Académico de Número Diego Gracia Guillén, y contestación por la Académica de Número Excma. Sra. Adela Cortina Orts. Sesión del 11 de enero de 2011. Madrid. Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Ver en el Boletin Iatrós de Mayo 2011 un amplio resumen.


Concepto Puntuación sobre 10 Comentarios
Interés 9 Ahonda en la filosofia axiològica con aplicacions sobre temes trascendentales para la ciutadania en general y el profesionalsimo en concreto.
¿Volverías a leerlo? 8 Algunos capítulos es casi obligatorio leerlos dos veces para entenderlos en profundidad
¿Realiza aportaciones significativas? 8 Clarifica aspectos de la filosofia graciana del valor.hermenéutica.